No necesito demasiado para ser feliz.
Dame un poco de jarabe de glucosa, azúcar, gelificante (gelatina, pectina), humectante (jarabe de sorbitol), almidón de maíz, acidulante (ácido crítico), aromas,
y colorantes en una forma terrorífica y mi corazón salta alegremente con las nociones de felicidad petrificadas en una gominola.
Sobre todo me alegra que después de "colorantes" hay un "ver abajo" emparentesisado para llevarte a malgastar media hora de tu vida para al final darte cuenta que en todo el puto envoltorio no hay ninguna referencia a los
colorantes.
Desde aquí me gustaría animar a los creadores de golosinas ir más allá, y que con un par de tegumentos procreativos pongan algo así "colorantes (mirar el color), aromas (oler producto)".
Sólo así avanzaremos como especie. Podríamos pasar de comino y tomillo.
Scary Jelly no se anda con medios tonos, no gusta de sutilezas, se pasa Lost por la piedra y va directo al grano.
Sólo así se explica que una gominola hecha de gelatina con forma de figuras de miedo se llame literalmente.
La empresa creadora es Vidal, una empresa española que aunque en cuanto a calidad no llega ni a los pies de Fiesta, parece ser una maravilla de la importación.
Esto es una putada por dos razones, la primera porque fuera de nuestra fronteras hay cientos de golosinas españolas y la mayoría son una mierda, con lo que los extranjeros deben pensar
que producimos mucho y mal. La otra razón es que los españoles que vivimos fuera nos tenemos que conformar con lo que se exporta mientras el resto de gente da un mordisco, escupe y nos mira con cara de mala leche.
Eso sí, debo admitir que me siento relativamente orgulloso de que algo así que se vende en un colmado sueco para que niños rubios tomen su dosis de glucosa, venga de España. Es como los cítricos, la paella o la pésima planificación inmobiliaria.
Pero Scary Jelly no es necesariamente un producto decepcionante.
Su fuerte no está en el sabor, sino en el aspecto.
Su gracia es su forma, su envoltorio y la gracia inherente a pegarle un mordisco una calavera con cara de mala leche.
He buscado por la web de Vidal en busca de una lista de diferentes versiones, y por supuesto, Vidal es otra de las muchas compañías que no pone TODOS sus productos en liza para que todos los podamos ver (ojo, Coca-cola y Fanta están en esa lista!).
Por suerte hay gente en eBay intentando colarle el muerto a otro y allí pude ver que me faltan 2 (dudo que haya más de 6 diferentes) diseños y que para mi pesar son los dos únicos verdes
y no hay nada que me joda más que el racismo chucheril. Además, la que mola más de todas es la de Frankenstein de lejos (y de cerca).
Pero no siempre se puede ganar y uno tiene que aprender a escoger sus batallas, y gritarle a una señora porque no tiene dos gominolas de un color determinado es donde yo trazo la línea.
Dicho esto, vamos a ver los 4 diseños que sí pude comprar...
Hay dos razones por el que este fantasma es mi favorito de los 4.
La primera porque es difícil darle cara de cabreado a algo que no tiene cara. Sí, tiene los orificios básicos para configurara una cara, pero ojos y boca no son requisitos suficientes como para dar expresión a una gominola.
La segunda creo que tiene que ver con un problema con el molde o con la gelatina en sí, pero parece que el fantasma se está vomitando encima, y eso es algo que no ves frecuentemente en ectoplasmas comestibles.
¿Qué puedo hacer?, soy un fanático de los murciélagos, y aunque este no tiene nada de especial, se lleva los puntos por tener las orejas tan grandes que si no tuviese alas, creería que se trata de Quicky.
Al igual que en el primer caso, la calidad de esta gominola son las facciones de mala leche demostradas por la pronunciación de la cavidad ocular.
Sin embargo, el colega de arriba pierde puntos por la falta de realismo, o estaríamos delante de la calavera con las tibias más pequeñas del planeta. A menos, claro está, que las tibias tengan el tamaño correcto y este cadáver tuviese un melón
legendario que desafía la gravedad y alenta a terceras personas a hacer chascarrillos a costa de un desafortunado deforme.
El Último de la Fila se separó hace tiempo.
Y esta gominola no me gusta a) Satán nunca fue prognato, b) la falta de rigurosidad hace que sea imposible determinar si en realidad se trata de Satán o un diablillo cualquiera con cuernos, orejas y colmillos, y c) la ambigüedad me desorienta.
En total, creo que, aunque no estamos ante unas gominolas que pasarán a la historia, podemos estar bastante contentos de poder cambiar los típicos ositos por unas gominolas que atormentarían a niños y diabéticos por igual.
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